Siento que estés aquí. De verdad.
Porque cuando alguien busca abogado, rara vez es por algo bueno.
Qué me vas a contar a mi de la fama que tenemos…
Te ha pasado algo o temes que esté a punto de suceder y no estés preparado.
Voy a compartir algo contigo. La primera vez que salté en parapente, el monitor me dio uan única instrucción: ante todo, no te sientes.
Cuando llegó el momento, adivina qué… Efectivamente, me senté. Fue sin querer, lo prometo.
Por suerte, el instructor me sujetó y conseguimos despegar. Gracias a su pericia escribo hoy estas líneas, jeje.
Te iba diciendo que una vez en el aire me di cuenta que hay momentos en los que las cosas, aunque las tengas claras en la teoría, por lo que sea, no salen como tú quieres.
Un tropezón, falta de práctica, «esquepenseque»…
Y de la importancia de tener un buen profesional a tu lado en momentos críticos. Aún desobedeciéndole…
Desconozco qué es lo que te ha traído hasta aquí.
Sea lo que sea de lo que se trate, puedes llamarme.
Te pediré que me des un poco de contexto.
Si veo el tema es alguno de los asuntos que trabajamos en el despacho, te propondré tener una consulta.
La consulta te la voy a cobrar. La llamada previa para contextualizar si puedo ayudarte o no, esa no.
Pero vamos, que lo mismo estoy equivocada y «no, gracias, solo estaba mirando»
En ese caso, (y en el anterior también), tienes a continuación el enlace para suscribirte a mi newsletter.
A ver si resulta que con alguna de las historias que cuento en ella, de rebote te resuelvo alguna duda, y yo aquí pretendiendo cobrarte la consulta…
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Aquí cuento historias reales que lo mismo algún día te sirve haberlas leído. O no.
¿Aprenderás Derecho? No lo sé.
¿Te dormirás leyéndolo? Espero que no.
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